ELKOST International Literary Agency

  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size

Mónechka: sexo y muerte (Cabiria) - El Destilador Cultural, 14/07/2016 (Spanish)

E-mail Print PDF

http://www.eldestiladorcultural.es/literatura/resena/monechka-marina-palei/

Creado por Carmen Lloret
12 julio, 2016
Mónechka: sexo y muerte

Es de agradecer que algunas editoriales patrias rebusquen entre las hojas con el fin de encontrar perlas criadas en lugares exóticos y lejanos, y así ofrecérselas a sus lectores. Como Mónechka, una novela breve, de la rusa Marina Palei, publicada por la exquisita Automática Editorial.

Mónechka es una sorpresa y una alegría. Llena de ingenio y humor. Con múltiples referencias a la literatura e historia rusa -alguna que otra comentada-, a la filosofía clásica, a la religión y a la política, sin avistar en ningún momento lo pretencioso. Su estilo barroco se compensa con unos personajes rusos fascinantes a puntito de alcanzar a los clásicos de su literatura. La prima de Monka: pasiva, juiciosa, reflexiva. Al borde de un abismo: "...Me arrastré hasta casa. Me tumbé, me quedé tumbada. No sabía cómo defenderme de la muerte". Narradora omnipresente, aparece como una espectadora que relata a modo de crónica una vida ajena, pero terriblemente cercana. La madre de Monka, Gertruda Borísovna Fáikina, "más sabia que un dios antediluviano", asaz metete y con un miedo irrefrenable por la muerte, que intenta escurrir mudándose una y otra vez de piso o a través de la narración con pelos y señales de los innumerables síntomas de sus dolencias. Personaje intenso, magnífico, parece pisarle los talones a su protagonista, pues asoma nada más empezar la novela.

Por cierto, aquí los personajes principales son todos mujeres; los hombres son meros satélites, aunque para la protagonista sean tan necesarios -o incluso más- que el aire que respira. Monka, Mónechka, así la llama todo el mundo, pese a que su nombre sea Raimonda Rybnaia. Una mujer vulgar -"Monka es de frente ancha, con hoyuelos en las mejillas, y sus ojos son abiertamente pícaros, mejor dicho, sus ojos son ya completamente obscenos"-, en apariencia. Sin embargo, su indomable pasión por el sexo la convierte en un personaje excepcional. Mónechka es una cabra loca con un único objetivo en la vida: exprimirla en su sentido más bíblico. Esta pequeña cabra loca tiene algo de épica, precisamente la carencia absoluta de épica. Lo terrenal domina su existencia. No hay nada que la detenga; ni las palizas que le arreaba su padre ya de jovencita -"pero las bragas mojadas no habían tenido tiempo de secarse, y Monka ya había vuelto a largarse"-, ni las enfermedades que golpearán su cuerpo de mayor. Un cuerpo hay que usarlo, darle lo que reclama. Saciar el deseo, un deseo insaciable y por ello delicioso. Mónechka, una mujer que sólo es vida -como si esto fuera poco-. El vivir. La cama... Del lecho nupcial al catre del hospital. Ahora bien, no hay intención moralista ni voluntad de castigo por parte de la autora en el martirio que sufre la protagonista sobre su cuerpo al alcanzar la edad madura. ¡Aleluya! Se trata simplemente de un obstáculo más que Monka deberá sortear para alcanzar lo único importante en la vida: el éxtasis.